¡Fermín ya está en casa!

¡Míren quién vuelve a estar en casa!. Mi queridísimo Fermín.

No sé si ya será definitivo por que he visto que aún lleva esa cosa extraña en su patita y yo sé por propia experiencia que esos chismes raros nos los colocan los señores esos que visten de verde y no nos lo quitan hasta que no estamos buenecitos del todo. Así que me huelo que mi Ferminchu aún no debe de estar del todo recuperado.

Me he puesto tan contenta al verlo entrar por la puerta de casa que casi le borro esa carita  tan guapa a lametones.

Por lo que he podido oir hablar a Pedro y Neus, su barriguita aún no está curada y necesitará tomar medicación, estar muy tranquilito y comer esas deliciosas latitas que a mí también me dieron cuando estuve muy enfermita. ¡Ah! y los odiosos medicamentos…

Yo soy muy sufrida para tomar medicamentos y soporto con paciencia que los señores de verde me pongan inyecciones, pero el Sr. Fermín es de armas tomar. Le entra el pánico y termina perdiendo por completo los papeles. Es capaz de enseñar los dientes y gruñir a todo aquél que se le acerca con una simple gasita en la mano y cuando ve que eso no le funciona entonces empieza a hacer un teatro digno de un Oscar al mejor papel melodramático. ¡menudo Galgo éste!. LLora y grita como si lo estuvieran matando. Pariendo 3 o 4 cachorritos me gustaría verlo a mi…

Es muy gracioso ver como Pedro y Neus intentan engañarnos ocultando la pastillita de marras dentro de un rollito de jamón York, o de un quesito, o de un yogurt. Nosotros fingimos que nos la han colado, pero en el fondo lo que ocurre es que nos puede la gula y termina tirado más el jamoncito que el antibiótico que lleva escondido dentro. ¡Oigan, que a uno no le dan todos los días jamoncito York!.

En fin, con o sin medicamentos, lo importante es que mi Ferminchu está en casita, entre todos vamos a mimarle y a cuidarle mucho para que pronto los señores de verde le quiten el chisme ese de la patita y podamos volver a correr juntos por el jardín.

Y ahora, con su permiso, voy a comer algo y a ladrar un poco en el jardín, que con la pena que tenía de su ausencia no he probado bocado en todo el día.

Buenas noches.

Lupe.

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Te añoro Fermín

Hoy está siendo un día de lo más extraño.

No entiendo bien que ocurre, esta noche Neus se ha quedado hasta muy tarde junto a nosotros, muy pendiente de Fermín. Luego, ella se ha ido a dormir y ha sido Pedro quien se quedado con nosotros, vigilando también a Fermín.

Fermín está malito, el tampoco a podido dormir. Ha estado dando tumbos por la casa toda la noche, tumbándose en lugares dónde nunca lo hace. Debe de estar muy cansado el pobre.

Esta mañana se lo han llevado al veterinario, yo también he ido con ellos, pero en calidad de acompañante esta vez. Algo ocurre porque hemos entrado los cuatro pero al salir Fermín no venía con nosotros.

He oído como la veterinaria les decía que tenía que hacerle pruebas y que debían quedárselo unas horas. Debe ser algo de la barriguita porque yo ya hace días que observo que come muchas hierbas.  Aunque nadie nos lo ha enseñado, los perros sabemos que cuando no estamos muy finos de la barriguita hay que comer hierbas (no vale cualquier hierbajo) para provocarnos el vómito con el fin de aliviar nuestro malestar.

No debe ser nada grave, pero estoy preocupada. La casa está tan vacía sin el.

No me he movido en toda la mañana del sofá, estoy aguardando su llegada y muy pendiente de Pedro y Neus. Y es que yo sin mi Fermín, como que no sé estar…

Los perros que estamos acostumbrados a vivir en compañía de otro, notamos mucho su ausencia y más si fuimos los últimos en llegar. La ausencia de un miembro de la manada es algo que en mayor o menor medida nos afecta en nuestra conducta.

Espero que Fermín llegue pronto a casa y podamos volver a correr, jugar y pasear juntos.

Prometo mantenerles informados.

Lupe.

Toi pachucha

 

Hace unos días viví una experiencia algo desagradable que quiero compartir con ustedes.

Nos disponíamos a salir de casa como una tarde más pero había señales que me hacían presentir que esa no sería una tarde normal. Para empezar Pedro y Neus estaban algo nerviosos. Andaban de un lado a otro de la casa inquietos y con un cierto halo de preocupación.

Fermín y una servidora aguardábamos ya en el recibidor de casa, como era costumbre de cada día, listos para que nos colocasen nuestros collares y salir a pasear. Pero tan solo me pusieron a mí el collar.

Eso fue definitivo para confirmar mis sospechas. Fermín se queda pero yo me voy con ellos: Malo. Se me empezó a torcer el morro, eso no podía ser nada bueno, siempre salimos los dos con ellos. Nos dirigimos al coche y partimos los tres.

En un principio pensé que nos íbamos de vacaciones pero pronto desestimé esa opción porque eso solo ocurre cuando hace mucho calor o mucho  frío, y siempre nos vamos los 4 juntos, por lo que vacaciones estaba claro que no eran.

Lo siguiente que recuerdo es estar en un sitio desconocido por mí, con gente desconocida vestida de verde y bata blanca.

Había más humanos acompañando a sus perros, los cuales estaban exactamente como yo, con la misma cara desconcertante que yo, desorientados como yo y muertos de miedo como yo. Aunque lo cierto es que los humanos también transmitían todos las mismas vibraciones de preocupación. Yo no sé dónde repámpanos estábamos, pero aquél lugar no nos gustaba ni a unos ni a otros, excepto a los que andaban vestidos de verde y bata blanca. Esos estaban la mar de relajados, hablándonos a todos (humanos y perros) con un tono de voz tranquilo, se les veía a mil leguas que intentaban  hacernos creer que eran amigos, sin demasiado éxito, todo sea dicho de paso.

Al cabo de un rato empezó a embriagarme una dulce sensación, un sueñecito la mar de gustoso. Yo intentaba luchar con todas mis fuerzas para no hacer caso a la llamada de Morfeo y mantenerme bien derecha y despierta pero lo cierto es que cuanto más luchaba más agotada me sentía y más irresistible se me hacía abandonarme a ese dulce sueño que no dejaba de tentarme.

Ya no recuerdo nada más pero al despertar estaba en un lugar diferente, no era el sofá de casa dónde despierto cada mañana, era un lugar incómodo y duro,  era una jaula, fría y pequeña, a mi lado no estaba Fermín como es habitual, clavándome una de sus patazas en la cara, si no que en la jaula continua a la mía había otro perrito aún muy dormido y en lugar de aparecer Pedro y Neus dándonos los buenos días y regalándonos miles de mimos apareció uno de esos humanos vestidos de verde y con bata blanca que de mimoso no tenía nada, aunque hay que decir que interés le ponía.

Entonces fuí consciente del dolor y de que algo le había ocurrido a mi barriguita mientras yo estaba en mi dulce sueño porque ahora me dolía mucho y tenía puesto algo que no estaba ahí antes de dormirme.

Cuando ya empezaba a estar de lo más asustada, sin entender absolutamente nada de nada oí las voces de Pedro y Neus. Estaban cerca, venían a rescatarme de aquel horrible lugar.

Casi no me tenía en pie, pero saqué  fuerzas de dónde no había al ver sus caras y oír su voz llamándome. En aquél momento no me entretuve en muchas fiestas y demostraciones de afecto, eso me lo guardaba para nuestra intimidad y para cuando yo estuviera bien segura de que estábamos todos a salvo. En esos instantes tan solo quería desaparecer de aquel lugar, no sin antes lanzar una mirada de ánimo y esperanza al resto de perros y gatos que se encontraban aún en esas jaulas y que por razones obvias,  que espero que ellos entendieran, Pedro y Neus no podían rescatar.

Ahora ya estoy en casita, que felicidad volver a ver mi jardín, mi sofá y mi queridísimo Fermín. ¡Hogar dulce hogar!

No entendiendo aún muy bien que ocurrió, ni por qué no puedo saltar y correr como antes, ni por qué Pedro y Neus no dejan que me lama mi barriguita, ni por qué ando todo el día con una camiseta puesta, ni por qué  me duele la barriga cuando quiero ladrar fuerte o bajar y subir escaleras.

Pero Pedro y Neus no dejan de repetirme que ya falta poco para que vuelva a estar bién y que dentro de muy poquitos días podré volver a jugar con Fermín como nos gusta jugar, a lo bestia, y podré volver a ladrar bien fuerte y saltar como un canguro por el jardín persiguiendo mariposas y lagartijas.

No entiendo nada, pero confío en Pedro y Neus  y sé que ellos cuidarán siempre de mí y de Fermín y  no dejarán jamás que nada malo nos ocurra.

Lupe.

No te preocupes pequeña, yo cuidaré de tí

Estos días tenemos a Martini (para ustedes nuestra prima) en casa pasando unos días con nosotros. Lo cierto es que somos unos anfitriones estupendos, más yo que Fermín. Creo que ya les hemos contado en otra ocasión la curiosa relación amor-odio que mantienen ellos dos.

Conmigo es distinto. Yo procuro protegerla, hacer que se sienta a gusto. No puedo jugar con ella como me gustaría pero es que Martini es demasiado frágil para mi juego brusco y mis largas patas de las cuales aún no tengo demasiado control.

Intercambiamos la comida cuando no nos ven, le cedo mi cama y mi mantita y la mimo con amor cuando necesita cariñitos. Algo que en Martini es constante.

Ayer por la noche ella estaba más ñoñona de lo normal. Sería que nos envolvía una noche fría y lluviosa y eso a los galgos nos mustia un poquito y tuve que calmarla con una buena ración de mimitos, eso sí, con un ojo puesto en la peli de la tele que estaba de lo más interesante. Momento que Pedro inmortalizó con la cámara y que hoy se lo brindamos a ustedes para que vean como dentro de una manada los adultos cuidamos de los más pequeños y desprotegidos.

Lupe