Toi pachucha

 

Hace unos días viví una experiencia algo desagradable que quiero compartir con ustedes.

Nos disponíamos a salir de casa como una tarde más pero había señales que me hacían presentir que esa no sería una tarde normal. Para empezar Pedro y Neus estaban algo nerviosos. Andaban de un lado a otro de la casa inquietos y con un cierto halo de preocupación.

Fermín y una servidora aguardábamos ya en el recibidor de casa, como era costumbre de cada día, listos para que nos colocasen nuestros collares y salir a pasear. Pero tan solo me pusieron a mí el collar.

Eso fue definitivo para confirmar mis sospechas. Fermín se queda pero yo me voy con ellos: Malo. Se me empezó a torcer el morro, eso no podía ser nada bueno, siempre salimos los dos con ellos. Nos dirigimos al coche y partimos los tres.

En un principio pensé que nos íbamos de vacaciones pero pronto desestimé esa opción porque eso solo ocurre cuando hace mucho calor o mucho  frío, y siempre nos vamos los 4 juntos, por lo que vacaciones estaba claro que no eran.

Lo siguiente que recuerdo es estar en un sitio desconocido por mí, con gente desconocida vestida de verde y bata blanca.

Había más humanos acompañando a sus perros, los cuales estaban exactamente como yo, con la misma cara desconcertante que yo, desorientados como yo y muertos de miedo como yo. Aunque lo cierto es que los humanos también transmitían todos las mismas vibraciones de preocupación. Yo no sé dónde repámpanos estábamos, pero aquél lugar no nos gustaba ni a unos ni a otros, excepto a los que andaban vestidos de verde y bata blanca. Esos estaban la mar de relajados, hablándonos a todos (humanos y perros) con un tono de voz tranquilo, se les veía a mil leguas que intentaban  hacernos creer que eran amigos, sin demasiado éxito, todo sea dicho de paso.

Al cabo de un rato empezó a embriagarme una dulce sensación, un sueñecito la mar de gustoso. Yo intentaba luchar con todas mis fuerzas para no hacer caso a la llamada de Morfeo y mantenerme bien derecha y despierta pero lo cierto es que cuanto más luchaba más agotada me sentía y más irresistible se me hacía abandonarme a ese dulce sueño que no dejaba de tentarme.

Ya no recuerdo nada más pero al despertar estaba en un lugar diferente, no era el sofá de casa dónde despierto cada mañana, era un lugar incómodo y duro,  era una jaula, fría y pequeña, a mi lado no estaba Fermín como es habitual, clavándome una de sus patazas en la cara, si no que en la jaula continua a la mía había otro perrito aún muy dormido y en lugar de aparecer Pedro y Neus dándonos los buenos días y regalándonos miles de mimos apareció uno de esos humanos vestidos de verde y con bata blanca que de mimoso no tenía nada, aunque hay que decir que interés le ponía.

Entonces fuí consciente del dolor y de que algo le había ocurrido a mi barriguita mientras yo estaba en mi dulce sueño porque ahora me dolía mucho y tenía puesto algo que no estaba ahí antes de dormirme.

Cuando ya empezaba a estar de lo más asustada, sin entender absolutamente nada de nada oí las voces de Pedro y Neus. Estaban cerca, venían a rescatarme de aquel horrible lugar.

Casi no me tenía en pie, pero saqué  fuerzas de dónde no había al ver sus caras y oír su voz llamándome. En aquél momento no me entretuve en muchas fiestas y demostraciones de afecto, eso me lo guardaba para nuestra intimidad y para cuando yo estuviera bien segura de que estábamos todos a salvo. En esos instantes tan solo quería desaparecer de aquel lugar, no sin antes lanzar una mirada de ánimo y esperanza al resto de perros y gatos que se encontraban aún en esas jaulas y que por razones obvias,  que espero que ellos entendieran, Pedro y Neus no podían rescatar.

Ahora ya estoy en casita, que felicidad volver a ver mi jardín, mi sofá y mi queridísimo Fermín. ¡Hogar dulce hogar!

No entendiendo aún muy bien que ocurrió, ni por qué no puedo saltar y correr como antes, ni por qué Pedro y Neus no dejan que me lama mi barriguita, ni por qué ando todo el día con una camiseta puesta, ni por qué  me duele la barriga cuando quiero ladrar fuerte o bajar y subir escaleras.

Pero Pedro y Neus no dejan de repetirme que ya falta poco para que vuelva a estar bién y que dentro de muy poquitos días podré volver a jugar con Fermín como nos gusta jugar, a lo bestia, y podré volver a ladrar bien fuerte y saltar como un canguro por el jardín persiguiendo mariposas y lagartijas.

No entiendo nada, pero confío en Pedro y Neus  y sé que ellos cuidarán siempre de mí y de Fermín y  no dejarán jamás que nada malo nos ocurra.

Lupe.

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4 pensamientos en “Toi pachucha

  1. Ánimo, Lupe !! Ya verás qué rápido estás buenita del todo !! Los mejores médicos… los que te quieren. El mejor hospital… tu casita. El rehabilitador infalible.. el cariño. Pero si lo tienes todo !!. Un poquito más de paciencia… y ya !!
    Muchos besitos, guapa !! ;))

  2. Precioso!!!!Magnífico relato.Deben de pensar exactamente lo narrado.Con mimos,amor y cuidados,la esteriización-castración,debería de estar impuesta por ley,al menos durante un periodo de tiempo,para controlar el abandono y salvajismo que sufren estos nobles animales!!

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