No te preocupes pequeña, yo cuidaré de tí

Estos días tenemos a Martini (para ustedes nuestra prima) en casa pasando unos días con nosotros. Lo cierto es que somos unos anfitriones estupendos, más yo que Fermín. Creo que ya les hemos contado en otra ocasión la curiosa relación amor-odio que mantienen ellos dos.

Conmigo es distinto. Yo procuro protegerla, hacer que se sienta a gusto. No puedo jugar con ella como me gustaría pero es que Martini es demasiado frágil para mi juego brusco y mis largas patas de las cuales aún no tengo demasiado control.

Intercambiamos la comida cuando no nos ven, le cedo mi cama y mi mantita y la mimo con amor cuando necesita cariñitos. Algo que en Martini es constante.

Ayer por la noche ella estaba más ñoñona de lo normal. Sería que nos envolvía una noche fría y lluviosa y eso a los galgos nos mustia un poquito y tuve que calmarla con una buena ración de mimitos, eso sí, con un ojo puesto en la peli de la tele que estaba de lo más interesante. Momento que Pedro inmortalizó con la cámara y que hoy se lo brindamos a ustedes para que vean como dentro de una manada los adultos cuidamos de los más pequeños y desprotegidos.

Lupe

 

 

 

Corazones de piedra

Mañana de Domingo, andurreábamos felices en nuestro paseo dominguero entre campos y riachuelos. Yo iba delante de la manada, con mi hocico pegado al suelo, como de costumbre. Había encontrado un rastro.

Lo que  percibía no me gustaba, más bién me inquietaba. Me daba en el morrete que lo que estaba apunto de encontrar frente a mí me traería malos recuerdos.

Y ahí estaba, clavado en medio del camino. Era un corazón de piedra.

Rápidamente fuí a buscar a Neus para que inmortalizara con su cámara mi descubrimiento. Quería que esa imagen ilustrara estas líneas.

Algunos galgos (y los que no son galgos también) percibimos ese hedor inconfundible de los corazones de piedra. Huelen a rabia, a rencor putrefacto, huelen a ignorancia descompuesta. A insensibilidad. Muchos de nosotros hemos tenido la mala fortuna de tropezar con uno de ellos, son insensibles al dolor y al sufrimiento de otro ser vivo.

Hemos tenido la desgracia de tenerlos cerca de nosotros, de sufrirlos en nuestras propias carnes, de morir siendo víctimas de su desprecio y maltrato mientras luchábamos hasta nuestro último aliento por entenderles. Esfuerzo en vano.

Por suerte, la naturaleza es sabia y devuelve a su lugar a estos corazones de piedra. Ahí es dónde deben estar. Tirados, en medio de un camino y expuestos a las pisadas y a la soledad. A la soledad merecida por haber sido un corazón de piedra.

Fermín.

Para tí, Mercedes.

Este adorable ser al que abrazo mientras me abandono a los brazos de Morfeo, es Mercedes. Hoy quiero hablarles de ella.

Mercedes, o Merceditas, como a mí me gustaba llamarla, ha sido y será uno de los amores de mi vida. La conocí en un viaje a Valencia.  Las presentaciones sucedieron en casa de Martini y Lucas (para ustedes, mis primos). Yo había ido de visita y ella ya llevaba allí varios días instalada. Fue amor a primera vista. Entablamos una estrecha amistad en muy poco tiempo.

Pero tras unos maravillosos días llegó la hora de regresar a casa. La separación fue dura, intenté que ninguno de los otros miembros de la manada se percatara del dolor que en esos momentos estaba experimentado.

La puerta de la casa se cerró tras de mí y  cientos de quilómetros se interpusieron sin piedad entre nosotros dos. Tan solo anhelaba volver a verla.

Mi deseo se vio cumplido cuando una fría mañana de un 6 de enero Merceditas llegó de nuevo a mí, escondida dentro de un regalo. ¡Ay, que ratilla era mi Merceditas!…

Fue una etapa inolvidable, éramos inseparables. Jugábamos incansables por el jardín de casa. Le encantaba que la lanzase hacia el aire. Dormíamos abrazados toda la noche.

Pero un buen día, todo terminó.  La pobre ya tenía una edad y yo la desgasté mucho con tanto juego, ya apenas podía seguir mi ritmo. Una tarde la encontré tumbadita en mi cama, descansaba tranquila, sumida en un profundo sueño.  Me resigné a lo evidente. Merceditas se había ido para siempre.

Mercedes, mi Merceditas. Siempre recordaré los momentos tan felices que me regalaste. Tus bigotes haciéndome cosquillitas en mi nariz. Pero que juguetona era mi ratilla!

Quiero terminar con una estrofa de la letra de una canción de otro de los grandes iconos de la humanidad. El Sr. Sabina.

Dice así: “tardé en olvidarla 19 días y (por favor  no repriman la necesidad de terminar esta frase cantando) y 500 noches”

Hasta pronto.

Fermín,

A la de una, a la de dos y a la de tres: PA-TA-TA!

Mientras Neus teclea el que será nuestro próximo post, queremos amenizarles la espera con una buena sesión de fotos.

Nos gusta posar para la cámara y  como  resultado de ello hemos acumulado un buen tomo de imágenes. Algunas buenas, algunas malas, algunas robadas, algunas divertidas y algunas muy bonitas. ¡Pásen y vean!

Hasta muy pronto.

Fermín & Lupe

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

Otros miembros de nuestra manada: Martini & Lucas

Martini y Lucas.  Hoy queremos hacer su presentación. Ellos son lo que para ustedes serían nuestros primos.  Aunque no conviven con nosotros a diario para nosotros forman parte nuestra manada.

Ella es Martini.  Un galgo piccolo, es decir, como nosotros pero unas 15 tallas menos. Tiene 6 años.  No se dejen llevar por su apariencia frágil y delicada. Bajo ese minúsculo cuerpecillo se esconde un Rottweiler.  Yo he de reconocer que disfruto chinchándola y haciendo que se encienda como un demonio. Solo he de acercarme a medio metro y tendrían que ver como intenta tirarse a mi cuello, digno de ver.  ¡Que coraje tiene! Un día de estos se hará daño y todo.

Nuestra relación es más bien de amor-odio. Tendrían que vernos como compartimos baños de sol, algo que nos chifla a los dos.

Lupe la ignora, no la entiende. Lupe aún tiene esa descoordinación y agitación propia de los cachorros. Jugando, la pobre no controla mucho y Martini es  demasiado frágil. Ambas son conscientes de ello y guardan una cierta distancia que podríamos decir que es de seguridad.

Otra particularidad divertida de Martini es su afán por robar comida. Yo la admiro ¡Qué quieren que les diga!  Su pequeño tamaño la hace ligera como una  pluma y tendrían que verla trepar hasta encima de la mesa, sigilosa, avanzando hacia el objetivo.  Sus ojos, ya saltones de por sí, adquieren un tamaño descomunal y desproporcionado. Es en ese momento cuando pierde su identidad de galgo y se transforma en  aspiradora con un poder de succión que ríanse ustedes de las que tienen en su casa.

Él es Lucas. Un Carlino. Tiene 2 años .

Lucas es todo bondad, ingenuidad y felicidad. Es un perro de lo más efusivo. En cualquier contexto Lucas es efusivo. Con los humanos, con otros de su especie, con la comida, con sus necesidades básicas más primarias. Yo, particularmente, le debo mucho a este perro. No en vano, fue él quién me enseñó a levantar la patita para hacer pis y marcar con mi olor todo territorio por el que paso. Y es que Lucas es un gran maestro-marcador de territorios…

A pesar de su pequeña estatura, es un gran defensor de sus propiedades.  Esto es algo común en muchos perros de raza pequeña. Sabemos que por tamaño somos mucho más vulnerables a otros más grandotes que nosotros y para contrarrestar esa diferencia usamos la única arma que tenemos, la actitud. Por ello algunos son más ladradores y parecen tener más mal genio ante otros perros que se les acercan, pero solo es eso, una actitud para protegerse. Hacen tanto ruido como pueden para avisar a su contrario de que aunque son pequeños pueden ser muy matones también. Rollos psicológicos que tenemos los perros.

Lucas tiene curiosidades que me dejan perplejo. Deberían ver cómo defiende a los de su manada,  o sus juguetes más preciados, y sobretodo, su cuenco de comida. Protege su comida aunque no haya amenazas a la vista. A veces es tal la obcecación que tiene ante eso, que protege su comida de quién le da de comer, con el consiguiente conflicto que eso genera, claro está.  Creo que no es nada preocupante, es tan solo una etapa de confusión que atraviesa. Cosas de la adolescencia canina.

Pero si hay algo que le gusta, es dormir bajo las camas. Tendrían que verlo, tumbado con su barriga bien pegada al suelo y durmiendo a pata suelta.

Hay que ver con qué cosas tan simples somos felices los perros…

Quiero cerrar esta entrada con una galería fotográfica de ellos.

El pase de diapositivas requiere JavaScript.

¡Hasta la próxima!

Fermín.

El poder de una chuche

¡Miren que foto! Miren que bien salimos mi caja de los premios y yo ¿Guapos eh? Esta foto se la pedí a Neus que nos la hiciera porque yo quería inmortalizar el momento premio. Amo a esta caja como a mi vida misma. Es oir el ruidito de su tapa al abrirse y qué les diré yo…  música celestial para mis oídos. Ni más, ni menos.

Ay! Mis premios….Como bien dice uno de los iconos de la raza humana: ” Yo, por mis premios MA-TO! “. Bueno, matar , lo que se dice matar… no. Pero hacer las mil y una tonterías, Sí.

¡Cual mono de feria señores! ¡Pasen y vean!. Sentado, patita, estirado, de panza… Lo de hacer la croqueta y el muerto es ya para otro nivel. El profesional ¡Que sí, que sí! Que hay colegas que se ganan la vida haciendo ese tipo de cosas.

Pero por lo visto, para lo que viene siendo el nivel doméstico, con saber hacer esas cosillas basta para ganarse una de esas chuches de 0,5 cm x 0,5 cm.  Cómo tiene que verse uno: ridiculizado al máximo exponente por una minichuche. Porque claro, si el premio al menos fuera un chuletón de ternera gallega… pues miren ustedes, haría hasta el pino-puente.

Pero los perros ante las chuches somo débiles. Olvidamos nuestro orgullo, raza, linaje y lo que haga falta y nos vendemos al precio que sea por esos increibles 0,5×0,5 cm de chuche que se consumen en 0,5 segundos.  Eso es debido a una ley de tiempo-proporción: algo que mide 0,5 cm tardará 0,5 seg en ser ingerido ¡Lógica pura señores!. Ya les dije yo que listo lo soy un rato…

¿Y la satisfacción personal que les producimos a los humanos? ¡Madre mía de mi vida! ¡¡Pero si eso roza la realización personal del ser humano!! No hay cosa que les haga sentirse mejor con ellos mismo. Se deben decir  a sí mismos: “He domesticado a la bestia”. Digno de ver ese brillo especial en sus ojos cuando por fin nos rendimos a lo evidente y levantamos la patita. ¡Uff! que subidón les entra….

Lo cierto es que, viéndolos así de felices y de orgullosos con nosotros cuando hacemos esas monerías, qué perro le niega la pata a un humano. Claro que por otro lado, no olvidamos que son la mano que nos da de comer…

Para terminar esta entrada, les dejo con una famosa frase de un humano llamado Phil Pastoret y que corre ya por varios blogs. Creo que refleja muy bién lo que un perro es capaz de hacer por sus chuches y hasta dónde puede llegar nuestra inteligencia.

Dice así : “Si crees que tu perro no sabe contar, prueba a ponerte 3 chuches en el bolsillo y dále solo 1”. ¡Grande Sr. Pastoret!.

Fermín.