Este adorable ser al que abrazo mientras me abandono a los brazos de Morfeo, es Mercedes. Hoy quiero hablarles de ella.
Mercedes, o Merceditas, como a mí me gustaba llamarla, ha sido y será uno de los amores de mi vida. La conocí en un viaje a Valencia. Las presentaciones sucedieron en casa de Martini y Lucas (para ustedes, mis primos). Yo había ido de visita y ella ya llevaba allí varios días instalada. Fue amor a primera vista. Entablamos una estrecha amistad en muy poco tiempo.
Pero tras unos maravillosos días llegó la hora de regresar a casa. La separación fue dura, intenté que ninguno de los otros miembros de la manada se percatara del dolor que en esos momentos estaba experimentado.
La puerta de la casa se cerró tras de mí y cientos de quilómetros se interpusieron sin piedad entre nosotros dos. Tan solo anhelaba volver a verla.
Mi deseo se vio cumplido cuando una fría mañana de un 6 de enero Merceditas llegó de nuevo a mí, escondida dentro de un regalo. ¡Ay, que ratilla era mi Merceditas!…
Fue una etapa inolvidable, éramos inseparables. Jugábamos incansables por el jardín de casa. Le encantaba que la lanzase hacia el aire. Dormíamos abrazados toda la noche.
Pero un buen día, todo terminó. La pobre ya tenía una edad y yo la desgasté mucho con tanto juego, ya apenas podía seguir mi ritmo. Una tarde la encontré tumbadita en mi cama, descansaba tranquila, sumida en un profundo sueño. Me resigné a lo evidente. Merceditas se había ido para siempre.
Mercedes, mi Merceditas. Siempre recordaré los momentos tan felices que me regalaste. Tus bigotes haciéndome cosquillitas en mi nariz. Pero que juguetona era mi ratilla!
Quiero terminar con una estrofa de la letra de una canción de otro de los grandes iconos de la humanidad. El Sr. Sabina.
Dice así: “tardé en olvidarla 19 días y (por favor no repriman la necesidad de terminar esta frase cantando) y 500 noches”
Hasta pronto.
Fermín,

Bonitas palabras que nos recuerdan la importancia de la compañía, el dolor de la pérdida y el agradecimiento a quien siempre estuvo ahí. Para esos momentos inolvidables que no volverán: “Siempre nos quedará la fotografía”. Gracias, Fermín. Hoy has conseguido emocionarme.
Gracias a tí Raquel por tu precioso comentario. Tu emoción es para mí el mejor agradecimiento que puedas darme.
Fermín.